Atenea Centro de Estudios
Blog
Cómo estudiar asignaturas que odias
01Abr

Cómo estudiar materias que odias

Todos tenemos esa asignatura. La que te hace acordarte de algún familiar lejano cuando ves su nombre en el horario. Puede ser mates, lengua, física, historia o filosofía. No importa cuál sea: odiarla no la hace desaparecer.

La buena noticia es que puedes aprobar (e incluso sacar buena nota) en una materia que detestas. No necesitas que te encante. Solo necesitas una estrategia distinta a la de arrastrarte por el temario mientras maldices tu suerte.

Por qué odiamos ciertas materias

Antes de buscar soluciones, conviene entender el problema. Rara vez odiamos una asignatura porque sí. Normalmente hay razones concretas detrás:

  • No la entendemos: Llevas tres temas perdido y ahora todo se construye sobre algo que no pillaste en su momento.
  • El profesor no conecta contigo: Explica fatal, va demasiado rápido o tiene ese don especial para hacer aburrido hasta lo interesante.
  • Le hemos cogido manía: Suspendiste una vez, luego otra, y ahora cada vez que la estudias ya vas predispuesto al fracaso.
  • No le vemos utilidad: "¿Para qué me sirve a mí saber esto?" es el pensamiento recurrente.

Escuela

Identificar tu razón específica es el primer paso. Porque no es lo mismo no entender que no ver el sentido. Cada problema tiene su solución.

Estrategia 1: Divide y vencerás (literalmente)

Enfrentarte a todo el temario de golpe es una receta para la parálisis. Tu cerebro ve la montaña entera y decide que es mejor quedarse en el sofá. La solución es partirlo en trozos ridículamente pequeños.

No digas "voy a estudiar química". Di "voy a entender qué es un enlace covalente". Son 15 minutos. Puedes sobrevivir 15 minutos de algo que odias. Todos podemos. Es menos tiempo del que pasas eligiendo qué serie ver en Netflix.

El truco de los 5 minutos

Si ni siquiera puedes empezar, prueba esto: comprométete a estudiar solo 5 minutos. Literalmente. Pon un cronómetro. Cuando suene, si quieres parar, para. Pero la mayoría de veces, una vez que has empezado, seguir es más fácil que lo parecía. El problema no es estudiar. El problema es empezar a estudiar.

Estrategia 2: Busca otro profesor (aunque sea YouTube)

Tu profesor de historia puede ser un genio en su campo y un desastre explicando. No es culpa suya ni tuya. Simplemente no encajáis. Y eso tiene solución.

Según estudios recientes sobre YouTube y educación, millones de estudiantes la usan como recurso educativo. Y funciona. Hay canales que explican cualquier cosa de forma clara, visual y entretenida.

Química con Unicoos, historia con Academia Play, matemáticas con JuanEncuentra a alguien que explique como tú necesitas que te lo expliquen. Cambia completamente la experiencia.

Estrategia 3: Conviértelo en un reto personal

Tu cerebro responde mejor a retos concretos que a "tienes que estudiar porque sí". Prueba con flashcards competitivas: haz tarjetas con preguntas y ponte a prueba intentando superar tu récord del día anterior. O usa el método Pomodoro con premio: 25 minutos de estudio, 5 de descanso. Completa 4 ciclos y te has ganado ese capítulo de serie sin culpa.

También funciona explicárselo a alguien en voz alta. Tu hermano pequeño, tu perro, tu planta. No importa. El acto de explicar te obliga a ordenar ideas y detectar lagunas.

Estrategia 4: Acepta que no tiene que gustarte

Aquí viene la parte liberadora: no necesitas que te apasione para aprobar. Puedes odiarla y aún así sacar un notable. De hecho, quitarte la presión de "tengo que motivarme" a veces hace que todo sea más fácil.

Trátalo como un trabajo. No te encanta sacar la basura, pero lo haces porque tiene que hacerse. Esta asignatura es igual. Es un trámite necesario para llegar donde quieres.

El enfoque pragmático

Pregúntate: ¿qué mínimo necesito para aprobar? ¿Un 5? Perfecto. No tienes que ser el mejor en algo que odias. Identifica qué temas caen más en los exámenes, céntrate en esos, y deja de torturarte intentando dominarlo todo.

Estrategia 6: Cambia el entorno de estudio

Si siempre estudias esa asignatura en tu escritorio y siempre acabas frustrado, tu cerebro ha asociado ese lugar con la frustración. Rompe el patrón. Ve a una biblioteca, a un parque, a una cafetería. El simple hecho de cambiar de escenario resetea tu actitud mental.

Parar terminar, una verdad incómoda

No todas las asignaturas van a gustarte. Y está bien. Pero tienes más control del que crees. No sobre la asignatura en sí, sino sobre cómo decides enfrentarte a ella. Puedes seguir odiándola mientras te quejas y suspendes. O puedes seguir odiándola mientras aplicas estrategias que te permitan aprobar con el mínimo sufrimiento posible.

La segunda opción requiere menos energía a largo plazo. Y te deja tiempo para dedicarte a lo que sí te gusta, en lugar de estar atrapado en recuperaciones eternas de algo que detestas. Piénsalo.

¡Comparte esta noticia!